Es humano y absoltumante comprensible el que, a cualquier persona normal, le cueste aislarse en el día a día del vértigo que provoca el comportamiento de los mercados en fases correctivas como la que estamos viviendo desde el pasado 2 de mayo. Y es que es difícil de entender cómo, tras un día de cierta euforia como el de ayer, puede sobrevenir de nuevo un día de manifiesto pesimismo como el de hoy. Y es que, en realidad, desde el punto de vista del corto plazo, hay poco que entender o que se pueda explicar. Los mercados son en sí mismos de naturaleza inestable, unas veces más acusada que otras, y esa inestabilidad (no lo olvidemos tampoco) lo es, por períodos, tanto a la baja como al alza. El clima de expectativas, la psicología del mercado a la que nos hemos referido en repetidas ocasiones a lo largo de los últimos días, juega un papel determinante en el comportamiento de los mercados (insistimos) a corto plazo. Ayer todo eran esperanzas respecto al posible resultado de la reunión extraordinaria del Eurogrupo. Hoy, en cambio, todo era decepción. Las negociaciones siguen y todavía hay tiempo antes de la cumbre de la Unión Europea de los próximos 23 y 24 de junio. A nadie le interesa dejar abandonada a su suerte a Grecia en estos momentos. Su suerte es la de todos nosotros, en Europa y fuera de Europa en estos momentos. De una u otra forma, habrá acuerdo, tiene que haber acuerdo. Los datos publicados hoy en Estados Unidos tampoco han ayudado (la inflación un poco más alta, el índice de actividad manufacturera de Nueva York sensiblemente más débil, y la producción industrial a nivel nacional resultó aceptable y en cierta forma tranquilizadora). En estos entornos de mercado es crucial el mantener la calma. No dejarse arrastrar por la deriva psicológica del mercado a corto plazo, y seguir contrastando en tiempo real, con la información más actualizada disponible, si la estragia de inversión a medio plazo sigue siendo válida sobre la base de la dinámica de evolución de fondo de las diferentes economías y mercados. Esto no quita que si, en dicha deriva psicológica, el mercado entrara en pánico y perforara niveles de referencia clave resultara aconsejable el tomar de forma táctica algunas medidas defensivas o de protección para minimizar el daño a corto plazo, pero sin perder de vista en ningún momento que la que ha de generar la rentabilidad deseada sólo puede ser una estrategia de inversión a medio plazo coherente, y en gran medida, ajena al ruido del mercado en el día a día. En estos días revivimos la crisis sufrida por los mercados en mayo y junio de 2010. Afortudamente, el escenario fundamental que nos sustenta hoy es sensiblemente más favorable y prometedor que al que nos enfrentábamos ahora hace un año. Por mucho que se diga, hoy por hoy los datos no respaldan la tesis de que la economía estadounidense esté reentrando en recesión. Y los problemas de crecimiento de China continúan más sesgados al alza (riesgo de sobrecalentamiento) que a la baja (riesgo de frenazo brusco). En Europa, seguimos prácticamente igual que, a todos los efectos, es ir de mal en peor, pero eso ya lo teníamos descontado. Y, repetimos, en este sentido, lamentablemente, seguimos pensando que aún no hemos visto lo peor. Por tanto, seguimos siendo alcistas de cara a los próximos meses respecto a los mercados de mayor riesgo relativo. En particular seguimos pensando que mercados bursátiles como el estadounidense, o el alemán, y sectores como el tecnológico o el industrial, cotizarán en próximos meses claramente por encima de los niveles en que cotizan hoy. De aquí a los próximos días, podría haber caídas adicionales en los precios, venimos insistiendo en que sigue habiendo proyección bajista y que la corrección aún está abierta. Pero lo importante es que desde un punto de vista fundamental en los mercados hay mucho valor en estos momentos y este valor, antes o después, acaba siempre aflorando en términos de rentabilidad.
Tras un día de cierta euforia, puede sobrevenir de nuevo un día de manifiesto pesimismo.
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15 de junio de 2011
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