Si hay algo bueno en las crisis son, sin duda, las oportunidades que éstas brindan de aprender de ellas y salir reforzado de cara al futuro. La crisis de riesgo soberano que ha llegado a suponer una amenaza para la estabilidad de la moneda única europea, con el paso de los meses y una buena dosis de rigor germano, dejará tras de sí a un euro más sólido desde el punto de vista institucional aunque en absoluto incompatible con una cotización (necesariamente) aún más débil que la que muestra hoy. El mayor control sobre las políticas presupuestarias de los diferentes países del área y la creación de un mecanismo común de defensa eran sin duda dos ingredientes clave necesarios para un área que, sin unidad política, pretende compartir una única moneda. La crisis española, en cambio, ya sea por incapacidad manifiesta ya sea por intereses bastardos a uno y otro lado del arco político sigue su curso acelerado mientras se desaprovechan oportunidades históricas de reforma que no sin esfuerzo darían la oportunidad a España de situarse en no mucho tiempo entre las economías más ricas y eficientes del globo. Se está desaprovechando la oportunidad de reformar el funcionamiento de las Cajas de Ahorro. De hacer de ellas verdaderas entidades financieras y no huchas al servicio de intereses políticos. Se está desaprovechando la oportunidad de llevar a cabo una reforma de calado de una Administración Pública sobredimensionada e ineficiente. Se está desaprovechando la oportunidad de una reforma laboral pensada para favorecer la creación de empleo y adaptar la organización del mercado laboral a las exigencias de nuestro tiempo. ¿Y la Educación? ¿Y el fomento y cuidado del espíritu de empresa? A una clase política mediocre le interesa una masa informe y aborregada de votantes. Nos condenan así al vagón de cola de un tren que, afortundamente, acabará arrastrándonos, a duras penas, pero arrastrándonos, al fin y al cabo. Gracias a que también nosotros compartimos el euro…
