Se va ya haciendo costumbre institucional en estos tiempos de crisis: donde dije “digo”, digo “Diego” en un corto lapso de tiempo. Anteayer le cupo el honor al independiente Banco Central Europeo y hoy le ha tocado el turno al gobierno español. Ni el presidente Obama está dispuesto a que una crisis de deuda pública le estropee su incipiente recuperación, ni los que mandan en Europa van a permitir ir más allá a quienes con alegría no cumplen con los deberes, metiendo en mayores problemas a los de los primeros pupitres. Golpe sobre la mesa y a la tarima a copiar al dictado. En esta tesitura, el presidente español ha presentado esta mañana unas medidas que aunque tardías, son contundentes y necesarias para atajar los desequilibrios y comenzar la perdida senda de la credibilidad. Los mercados, sin euforias, han saludado las dolorosas pero imprescindibles actuaciones, no exentas de elementos clásicos pero sin llegar a la máxima contundencia del diurético aplicado a Grecia: reducción de los salarios públicos inminente y no subida durante el próximo año, congelación de las pensiones exceptuando las mínimas y no contributivas, recorte de la inversión, eliminación del “cheque bebé”, reducción de las ayudas al desarrollo, rebaja del gasto farmaceútico,… Duro, pero…por fin.